EL SEÑOR DE LOS LADRILLOS
Aviso para desilusión de los fans de Tolkien: esto no es una parodia de “El Señor de los Anillos”. Tampoco es la historia de ningún magnate chino del negocio inmobiliario.
El diario “Shanghai Daily” publicaba hace unos días la noticia de un maestro jubilado que había iniciado una campaña contra los conductores desaprensivos que se saltaban los semáforos en rojo. Hasta aquí todo parece un episodio sin mucha enjundia, aunque de un civismo digno de loa. Pero sucede que la campaña consiste en arrojar ladrillos a los vehículos infractores.
Este señor había reclamado y conseguido la instalación de un semáforo en un cruce dónde había sido atropellada una anciana meses antes. El nuevo semáforo funcionaba perfectamente. Sus luces verdes y rojas se encendían en la secuencia y momentos requeridos. Lo que no se encendía debidamente era el respeto de los conductores a tales señales. Los coches no paraban cuando el semáforo estaba en rojo. Ni siquiera reducían la velocidad para dar tiempo a los peatones que estuvieran cruzando o a punto de cruzar.
El maestro jubilado decidió entonces reclamar la atención pública sobre el problema. Ignoro si recurrió a su antigua experiencia docente, o a algún proverbio chino equivalente a nuestro “la letra con sangre entra”. El hecho es que, provisto de ladrillos, se apostó en el cruce y comenzó a lanzar sus proyectiles a todo vehículo que hacía caso omiso a la luz roja.
Es un hecho: Los chinos conducen muy mal. No siguen la señalización ni las normas de tráfico, a menos que un policía esté a la vista. No respetan semáforos, ni pasos de cebra, ni prohibiciones de giros. No tienen ningún reparo en parar en medio del tráfico para girar 180º y cambiar de sentido. Si tienen prisa, invaden los carriles para bicicleta (a menudo aislados de la calzada por vallas metálicas) a gran velocidad. Amablemente, asustan, quiero decir, amenazan, perdón, avisan, a bocinazo limpio de su presencia a los ciclistas que “entorpecen” su ruta.
Los peatones tampoco se caracterizan por su prudencia o respeto a las normas. Aunque haya un asistente de tráfico, cuyo único poder coacción es un silbato y no la autoridad de un agente de policía, es habitual ver al chino o china de turno lanzándose a pecho descubierto en medio del tráfico para cruzar la calle cuándo y por dónde le parezca. Y lo hará con la tranquila seguridad o la completa ignorancia (quién sabe realmente qué) respecto del riesgo que supone. Todo esto tiene lugar sin ni siquiera un mal gesto, ni de conductores, ni de peatones, ni de agresores, ni de agredidos.
Por lo dicho, pues, llama mucho la atención el colérico gesto de este ciudadano. Su contundente respuesta ante la ausencia de respeto por unas normas que tratan de ordenar el comportamiento de conductores y peatones, así como protegerles.
¿No nos olvidamos nada? ¿No echamos a faltar nada en la historia de este justiciero? La polémica se ha centrado en la imprudencia de sus víctimas, no en el hecho de los ladrillazos en si mismos. Hasta el momento no consta mención sobre los posibles daños personales o materiales que la puntería del anciano haya ocasionado (el artículo informaba de que en un solo día acertó a 30 coches). Tampoco consta denuncia alguna contra el digno jubilado. Sí consta que ha recibido un gran apoyo de los “netizens” (net-citizens) o internautas. Esto último, la expresión de opiniones sobre todo tipo de temas por medio de la red, comienza a ser un elemento muy interesante en la sociedad china, por más que la censura sea un obstáculo importante en el uso de Internet a este lado de la Gran Muralla. Así que ya hay excusa para dedicarles unas líneas otro día.
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