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NARANJAS DE LA CHINA

UNA DE BANCOS (y II)

Seguimos donde lo dejamos en la última entrada del blog. Esperando el turno en un banco chino y observando a la clientela.

Está el “digno hombre de negocios”, con sus pantalones subidos hasta las axilas y portando un bolso de mano (lo que se venía en llamar “mariconera”, vamos), del cual saca o al cual introduce abultados fajos de billetes de 100 yuanes. Billetes que habrán de pasar por una de las omnipresentes máquinas de contar billetes en algún momento, a un lado o a otro de la mampara de seguridad. Este tipo de maquinitas las hay en casi todo tipo de establecimientos y se llegan a utilizar hasta para contar ¡un solo billete!

Está el occidental grande como un armario y acompañado por una minichina. Lo de “mini” no es peyorativo, es la impresión que da la comparación de tamaños entre ambos, que hace que la muchacha parezca una miniatura. Ella será la que lleve la voz cantante en la gestión, lógicamente, por su dominio del idioma y de las costumbres y usos bancarios chinos. De vez en cuando, traducirá piadosamente al occidental. Aunque debe reconocerse que, en realidad, el personal de ventanilla en los bancos (al menos en grandes ciudades) se defiende bastante bien en inglés.

Está el anciano o anciana, de aparente extrema edad, que avanza con pasitos lentos y cortos hacia la ventanilla. Los gestos implicados en la operación (manejar el dinero, sacar una tarjeta o la cartilla de ahorros, pulsar contraseñas, cumplimentar los formularios) también son lentos y cortos.

Está la “fashion victim”. Chica china joven, estilosa ella, delgada, melena larga, piernas largas (normalmente una minifalda o shorts muy cortos permiten verificar esta característica anatómica), tacones altos, gafas oscuras muy grandes, bolso de marca colgado del antebrazo, este último alzado verticalmente sosteniendo la cartera, documentos o elementos precisos para la operación.

Está el que acude al banco en pijama. Pero esto no deja de ser una consecuencia de la costumbre existente en Shanghai de ir a comprar o incluso pasear en pijama cuando viene el buen tiempo. No obstante, choca encontrarse semejantes personajes en una sucursal situada justo en una zona donde se concentran varios hoteles y tiendas de marca de lo más exclusivo de la ciudad.

Está el señor o señora de mediana edad (nada más de particular en cuanto a su aspecto) que se enzarza en agria discusión con el personal del banco. Esto en si, no resulta muy peculiar. En realidad tampoco es una discusión, puesto que el empleado suele limitarse a concentrar la mirada en la pantalla de su ordenador y a manosear papeles. Es decir, prácticamente ninguna reacción a lo que sucede al otro lado de la mampara de seguridad. El cliente, mientras tanto, proseguirá con su protesta, que más de enfado, y desconociendo lo que dice, da la impresión de ser de ofensa, por el aire de “firme indignación” (como podría decirse usando la retórica con que a veces gustan de expresarse los chinos) que parece revestir su cólera. De otra manera: dónde un español se “cabrea” (con todo lo que comporta de gestos, menciones a familiares próximos de la otra parte, valoraciones sobre la verdadera profesión de los empleados de banco, alusiones nostálgicas a dictadores fallecidos, e incluso amenazas), un chino se “indigna”.

Se pueden encontrar algunos de los anteriores clientes entrando en cualquier sucursal bancaria china. Principalmente en grandes ciudades. Seguramente, en poblaciones más pequeñas o en el entorno rural, pueden hallarse otros tipos igual de interesantes o más. El tamaño de China y sus peculiares costumbres, combinados con actividades y procedimientos como los bancarios, comerciales y burocráticos, producen situaciones, personajes y comportamientos de lo más interesante y entretenido para el observador.

1 comentario

Pedro -

Y bien Ángel, como terminó tu espera en la oficina ?? Creo falta la tercera parte para completar la trilogía, no ?? Salu2